Lazos en juego, Capacitación y Tratamiento en ludopatía

En las adicciones, con o sin sustancia, se requiere de un tratamiento para el logro de la recuperación, tanto del propio adicto como de su familia. Lazos en juego cuenta con especialistas en: CABA, Lanús, Morón, Quilmes, Banfield, La Plata, San Miguel, Vicente Lopez, San Isidro.

  • El adicto al juego responde a una necesidad interna de perder

  • En la adicción, el juego puede funcionar como un antidepresivo o un ansiolítico

  • Voy a jugar porque siempre estoy como esperando algo, no sé qué. Me desespero de tanto esperar

  • Es paradojal llamar "jugador" al ludópata, ya que no es precisamente "jugar" lo que hace

  • Muchos jugadores se sienten vivos sólo cuando juegan. Juego que da vida-juego que enferma

PARADOJAS DE LA LUDOPATIA: ¿JUGADOR?

Es paradojal llamar "jugador" al ludópata ya que es alguien que no puede jugar en el sentido lúdico del término. No juega porque quiere sino porque no puede dejar de hacerlo. No sufre mientras juega sino de las consecuencias del juego: su empobrecimiento vincular, económico, afectivo.

El ludópata es un perdedor empedernido; no sólo pierde dinero sino también mucho tiempo de su vida, interés por actividades y personas con las que antes quería estar.

Entra en un circuito comandado por el pensamiento mágico, un fuerte vacío interno imposible de ser llenado, el sentimiento de culpa y verguenza, la necesidad de castigo.Este circuito lo precipita a una repetición sufriente, cuya condición y consecuencia es salir del juego como perdedor.

¿RECUPERAR LO PERDIDO?

Qué difícil se hace en nuestro siglo, regido por imperativos de triunfo de vaya a saber qué, perder sin creerse un "perdedor", un "looser". Nos sentimos culpables cuando perdemos algo no sólo porque no lo queríamos perder (quién quiere perder, al menos conscientemente?) sino además porque no estaríamos encajando con los mandamientos epocales.

Seamos desobedientes a semejante deshumanización, y pensemos que frente a las pérdidas, de lo que se trata es de aceptarlas, elaborarlas, digerirlas, tragarlas y seguir adelante capitalizando la experiencia y la angustia sufrida.

Veamos sino cómo nos habla Dolina de lo perdido: "El ruso Salzman, legendario jugador de dados, sin la intervención de la agencia, se decidió a comprar la casa de su infancia, ocupada desde hacía años por perfectos desconocidos.

En semejante patriada, el ruso gastó la memorable ganancia de una noche gloriosa en el Casino de Mar del Plata. Una vez instalado, comprendió que la inversión había sido inútil. -He recuperado mi casa-dijo-pero la infancia, no".

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