Apuestas deportivas online: “Perdí la cabeza: empecé con el fútbol y llegué a apostar hasta al ping pong”

Diario La Nación

6 de Julio del 2022

Federico comenzó con su adicción a los 20 años. Se gastaba el sueldo entero en una noche y el celular se convirtió en su “arma letal”. La compulsión a las apuestas en sitios web es una forma de ludopatía que suele pasar desapercibida pero que está en aumento. Los afectados suelen ser varones jóvenes de clase media que saben de fútbol.

Para Federico, todo empezó como un “hobby”. En aquel tiempo tenía 20 años y trabajaba en un gimnasio. Además, jugaba al fútbol y estudiaba el profesorado en educación física. Cuando le hablaron de un bar “que levantaba apuestas deportivas”, le pareció interesante y, como le quedaba cerca del trabajo, fue. De esas primeras veces, se acuerda que ganó y se sintió con suerte. Siguió yendo y, poco a poco, “la distracción” inicial comenzó a convertirse en algo denso.

“Había pocas páginas de Internet que se dedicaban a las apuestas deportivas, pero cuando se empezaron a volver conocidas, me volqué a lo online. Siempre me gustaron los deportes y eso le daba un plus: saber del tema más que otras personas”, cuenta Federico, que ahora tiene 32 años y cuyo nombre fue cambiado en esta nota para preservar su identidad. Arrancó apostando a los deportes tradicionales, como el fútbol, el básquet o el vóley. “Después, a cualquier cosa. Como en una época trabajaba de noche y a esa hora en la Argentina no se jugaba nada, empecé viendo deportes en otros países, como China o Corea, y apostaba hasta en el ping pong, imaginate”, describe el joven.

La facilidad de poder apostar con un solo click y desde donde estuviera, agudizó cada vez más la problemática: “El celular se convirtió en mi arma letal. Vivía pendiente del teléfono y llegué a gastarme el sueldo entero en una noche desbocada”, dice Federico.

Lo que siguió fue una vorágine que incluyó el derrotero por prestamistas a los que hacía malabares para pagarles (llegando hasta ser amenazado por uno de ellos), el cimbronazo en los vínculos afectivos, sentir que había llegado a un punto sin retorno; y un espiral de noches en las que no lograba pegar un ojo.

“El teléfono me sonaba a cada rato: era gente que me pedía que le devolviera la plata”, recuerda. Hoy, hace un año y medio que no juega. Pero llegar a este punto no fue nada fácil: “Me costó mucho entender que tenía una enfermedad”, asegura el joven.

Una compulsión que ahora encuentra tentaciones locales

La adicción a las apuestas deportivas online es un fenómeno que, según los especialistas, fue creciendo de forma silenciosa en el último tiempo, tomando un envión durante la pandemia de Covid-19. Con el aislamiento social y obligatorio, el acceso rápido y desde la comodidad del hogar a los sitios web que ofrecen la posibilidad de apostarle prácticamente a cualquier disciplina, fue un condimento importante.

Si bien la tendencia comenzó con fuerza años atrás en países como España, en la Argentina está despegando. En las camisetas de los equipos de fútbol local, el lugar que tradicionalmente ocuparon los bancos, las automotrices y las cervezas como sponsors, está siendo desplazado, entre otros, por logos de sitios que se dedican a las apuestas deportivas.

De hecho, recién a fines de 2021 este negocio se habilitó en la ciudad de Buenos Aires y el territorio bonaerense, que se sumaron a otras provincias donde ya eran legales. De esa forma, jugadores como Federico, que habían dado sus primeros pasos en plataformas del exterior, se fueron volcando a las que operaban en territorio nacional.

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“Llegó un momento en el que quería apostar a cualquier cosa: terminaba un partido y tenía que apostarle a otro, no podía dejar ni un huequito libre”, cuenta Federico.

Sobre el perfil de quienes suelen verse afectados por la adicción a las apuestas deportivas digitales, Débora Blanca, psicóloga, especialista en ludopatía y autora de tres libros sobre esta problemática, explica: “En general, se da en varones jóvenes, muchas veces universitarios, con cierto poder económico, a quienes les gusta y saben de deportes. Esa es una diferencia con respecto a la ruleta o las maquinitas: cuando saben de fútbol se enganchan pensando que desde el conocimiento van a poder ganar y resulta que después empiezan a perder el control”.

Blanca, que además es directora de la organización Lazos en Juego, señala con preocupación que esta tendencia “es lo que se viene”. Entre los grupos vulnerables, dice que muchas veces hay exdeportistas que proyectaban una carrera que quedó trunca, por ejemplo por una lesión, y que encuentran en las apuestas “una especie de sustituto que los vuelven a conectar con el deporte y, además, con la posibilidad de ganar dinero”.

“Un apostador nunca se retira”

Federico vive en la zona sur del conurbano bonaerense. Se crio en una familia de clase media, siempre trabajó y estudió. Cuenta que arrancó apostando “unos pesitos”, pero que su adicción se fue intensificando con el paso del tiempo, cuando iba ganando poder adquisitivo y se abrían las posibilidades, por ejemplo, de recurrir a préstamos.

Se recuerda en aquel bar donde empezó todo, acodado a la barra. Las apuestas eran clandestinas y tenía que completar una planilla con los partidos destacados de esa semana, marcando los resultados que, pensaba, tendría tal o cual equipo. Dejaba la plata, le daban un vale y, en caso de ganar, pasaba a retirarla. Pero todo se volvió mucho más sencillo cuando descubrir los sitios web.

“Algunos equipos de fútbol tenían en la camiseta el nombre de una entidad de apuestas deportivas muy conocida. Me metí a la página y empecé ahí”, detalla Federico. Y agrega: “Llegó un momento en el que quería apostar a cualquier cosa: terminaba un partido y tenía que apostarle a otro, no podía dejar ni un huequito libre”.

Las posibilidades que ofrecen los sitios de apuestas deportivas son ilimitadas. En el fútbol, por poner solo un ejemplo (se puede apostar casi a cualquier deporte). Lo “clásico” es jugarle al ganador o perdedor. Pero a partir de ahí se abre un abanico de opciones: cuál será el resultado, cuántos corneres habrá, si sacarán tarjetas amarillas, si al comienzo del partido la pelota se irá a un lateral o si habrá una falta. Mientras más específica la apuesta, mayores son los montos en juego. “Hoy estaba viendo un partido de mi equipo de fútbol y en los 15 minutos del entretiempo, apareció cinco veces la publicidad de esos sitios”, señala Federico.

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"El celular se convirtió en mi arma letal", detalla Federico. Para el joven, el apoyo incondicional de sus padres, novia y amigos, fue fundamental para empezar a salir adelante.

Él vivía con el celular en la mano, pendiente de los resultados de los partidos. No tenía ganas de nada. Estaba irritable, de mal humor. Dejó la carrera de educación física y empezó kinesiología, pero también la abandonó. A veces, en vez de ir a cursar, se quedaba en un café apostando desde el teléfono. “Mi cerebro estaba descontrolado. Cuando me juntaba con mis amigos, estaba todo el tiempo con el celular, re disperso. Estaba 100% comprometido con las apuestas y me perdí un montón de cosas”, se lamenta.

Cuando ganaba, nunca podía retirarse y volvía a jugarlo todo. “Un apostador no deja de apostar nunca −resume Federico−. Uno no se da cuenta, pero estás enceguecido por el juego”. Cuando se qued