Infancia con pantallas: cada cual atiende su juego

Niños y dispositivos electrónicos

4 de Abril del 2019

Por la Lic. Débora Blanca

Amena es una nena egipcia (¿o será argentina?) de 2 años y pico. Rulos negros y despeinados graciosamente, ojos también negros. Es hijita de una joven pareja que tiene un pequeño restaurante cerca del Obelisco.

Las dos veces que fui, de noche, al ratito de sentarme se acercó, con su cochecito de muñecas, con un bebé adentro. El bebé desnudo, todo garabateado con marcador rojo. Le pregunté algunas cosas y ella me respondió palabras sueltas, algunas en castellano, otras en árabe.

Mientras tanto, la mamá, con su atuendo naranja cubriéndole la cabeza, llevaba los platos a las mesas. Jugamos a darle de comer a la beba, a peinarla, a dormirla. Todo mientras Amena iba y venía con su cochecito.

La segunda vez que fui era día de semana. Apenas me senté ella vino a mi encuentro, esta vez tenía, además de la muñeca garabateada, un bloque azul, una Barbie desnuda, un pedacito de tela negra y una pieza de no sé qué haciendo también de juguete. Le pregunté por el pedacito de tela negra. Ella se lo llevó a los pies imitando atarse los cordones. Me reí, le pedí la tela y me la puse como bigote. No le gustó y me la sacó, volviendo a ser cordón.

La mamá la llamó, le dijo que no molestara, y la que se molestó fue ella, quejándose. Fue y vino, lloró, pidió cosas, estaba cansada, con sueño. La mamá también, y se puso fastidiosa con Amena, y Amena con su mamá.

Algo amenazaba lo ameno, comenzaba a armarse el fatídico círculo vicioso. La nena lloraba, de repente dejó de hacerlo. Pensé. Dos opciones. O se durmió, o le dieron un celular. Me di vuelta para buscarla detrás del mostrador. Efectivamente, opción dos. La imagen era muy fuerte, los ojos negros de Amena tomados, en una especie de prolongación de la pantalla. Antes de irme me acerqué para saludarla, apenas levantó la mirada.

La escena de Amena me lleva al ‘un poco y un poco’, a lo epocal y la necesidad de dosificación. Ella jugó ‘como antes’ y ‘como ahora’‘Como antes’ incluye el diálogo, la mirada, la voz, el contacto cuerpo a cuerpo, la risa, lo ficcional‘Como ahora’ implica la inmediatez, lo solitario, la sobresaturación de estímulos, lo virtual, lo globalizado, la posibilidad de seguir jugando sin fin.

Lo epocal marca siempre las escenas, sus protagonistas y guiones. La escena de Amena, con un poco de ‘juego de antes’ y otro poco de ‘juego de ahora’, nos convoca a comprender algunas particularidades respecto de esos cambios. Los ‘de antes’ son sociales, se juega con otros, de modo que jugando se hace lazo. Los ‘de ahora’ son solitarios, siendo la escena principal el jugador y una máquina (celular, videojuego, playstation, tragamoneda).

Los ‘de antes’ requieren más de la corporalidad: se corre, se hace fuerza, se salta, se toca, se mira y se es mirado. Los ‘de ahora’ son sedentarios, utilizando especialmente los dedos de las manos, la vista, el oído.

Cuando hay demasiada pantalla se producen contracturas (pensemos que una función del juego es la descarga, con lo cual aquí se produciría el efecto contrario), disminución de la vista, bruxismo, insomnio, etc.

Es necesario explicitar que en las grandes ciudades, con sus problemáticas de inseguridad, padres que trabajan muchas horas, rupturas de la figura de vecino, la calle se ha tornado para los niños algo ajeno y hostil, cargado de riesgos, por lo cual deben estar adentro de la casa, quedando restringida la posibilidad de ciertos juegos. Entonces el repliegue se fue incrementando y, tal como versa la canción “Cada cual atiende su juego y sino una prenda tendrá”.

Se tratará entonces de no quedar subsumido en los imperativos epocales, dejándonos un margen de cuestionamiento, de desobediencia, para no claudicar a la libertad resultante del deseo.