La adicción al juego, una intoxicación sin sustancia

Para El Café Diario

22 de Febrero del 2019

“Cuántos desengaños, por una cabeza. Yo juré mil veces no vuelvo a insistir. Pero si un mirar me hiere al pasar, sus labios de fuego otra vez quiero besar. Basta de carreras, se acabó la timba. ¡Un final reñido ya no vuelvo a ver! Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero, ¡qué le voy a hacer!”, dice la letra del tango que compusieron Carlos Gardel Alfredo Le Pera en 1935.

Casi un siglo después, sigue vigente esta afección que no es un juego, porque aquellos que la sufren dejan de disfrutar lúdicamente en el instante en que se juegan el sueldo, la jubilación, la casa, el amor y la confianza de sus afectos.

La palabra ‘toxicidad’ siempre estuvo asociada a sustancia, aún hoy. Lo mismo sucede con ‘adicción’. Es el peso y la incidencia de lo biológico, lo orgánico, lo cuantificable, lo medicable. Sin embargo, existe una adicción sin sustancia pero con un tóxico tan potente como cualquiera de ellas. El vínculo del jugador con el juego.

La palabra ‘tóxico’ deriva etimológicamente de ‘veneno’. ToxikonPharmakon tiene significados que parecen contradecirse: remedio, veneno, cura, receta. ¿Cómo una misma palabra puede significar veneno y cura?

A la hora de hablar de una adicción, tendríamos que considerarlo más una paradoja que una contradicción. La persona encuentra en la adicción una solución a algo que le resulta más insoportable, un dolor profundo al que no sabe cómo responder. El juego sería una especie de dulce veneno para el jugador, le edulcora una existencia que le resulta amarga o a la que no le encuentra sabor pero, a la vez, lo daña.

La ludopatía es una afección grave pero silenciada socialmente. Personas que se encuentran atravesando crisis de diversa índole, solas, con una intensa sensación de vacío, hallan en el juego tanto una solución como una enfermedad.

Abordar esta afección nos obliga a pensar en múltiples causas (psíquicas, emocionales, sociales, culturales, hereditarias, económicas) que complejizan esta problemática.

Por otra parte, la ludopatía no discrimina sectores sociales. Afecta tanto a personas jóvenes como mayores, a desempleados, intelectuales, amas de casa, jubilados, entre otros.

Además, no solo el jugador sufre sus consecuencias, sino también su entorno se ve afectado directamente. La pérdida de grandes sumas de dinero, las deudas, las herencias apostadas y perdidas, las promesas incumplidas, el tiempo restado a lo familiar y depositado en el juego, los engaños, son situaciones que devastan los vínculos del jugador. Por eso en los tratamientos se debe trabajar tanto con el ludópata como con su red familiar, apostando a la construcción por sobre la destrucción.