Adictas a las maquinitas: Adictas a las maquinitas: de sentirse superpoderosas a perderlo todo

Para Diario La Nación

27 de Noviembre del 2017

Las mujeres de más de 50 años y con problemas emocionales son las más propensas a caer en el juego compulsivo con las tragamonedas; su objetivo principal no es ganar plata, sino pasar el mayor tiempo posible lejos de su realidad; evadirse o evitar sentir es, fundamentalmente, lo que buscan

En el segundo subsuelo del Casino del Hipódromo de Palermo, un miércoles al mediodía, sólo se distingue una espalda encorvada de remera, jogging y zapatillas grises. Su mirada está concentrada en el juego. La mujer tiene cerca de 65 años y está a medio sentar en su butaca, con el pie izquierdo apoyado en el piso. Como un pulpo esperando para cazar a su presa, apuesta en dos máquinas tragamonedas en simultáneo: de esas viejas, en las que hay que acertar tres números 7 del mismo color. Es un clic, clic, clic acompasado, decidido. Obsesivo.

Superpoderosas, invencibles, intocables. Así se sienten las mujeres cuando están frente a una tragamonedas. Creen que las dominan, que las conocen mejor que nadie, y por eso llegan a dedicarles más tiempo que a cualquier otro vínculo en su vida. Así, entablan una especie de enamoramiento, de preferencia, de ritual de seducción.

Ese es el perfil de las personas adictas a las maquinitas: son, en su mayoría, mujeres de más de 50 años que se sienten solas, tienen problemas emocionales, están atravesando un duelo o simplemente necesitan "pasar el rato".

Cada una tiene "su" máquina. Le hablan, la acarician, la besan. Tienen cábalas. Le prometen cosas, le dejan estampitas, le ponen azúcar. La abrazan cuando les da algún premio. Mientras están ahí adentro, mirada con mirada, piel con piel, no hay lugar para nadie más, ni para los problemas, ni las angustias, ni la soledad. Ahí se sienten acompañadas.

De acuerdo con las estadísticas de la línea de atención gratuita del Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo de la provincia de Buenos Aires, de enero a junio de este año, el 80% de las personas juega a las tragamonedas. El resto se divide entre ruleta (10%), bingo (2%), póquer/blackjack/punto y banca (2%), quiniela (1%) y otros (5%). En relación con la frecuencia, el 52% juega de forma diaria. Si bien también juegan hombres o mujeres más jóvenes, todos los especialistas señalan que en su mayoría son mujeres grandes.

"Cuando entraba a jugar tenía una sensación orgásmica. Yo me sentaba frente a mi máquina y me sentía superpoderosa", confiesa Cristina, de 60 años, al recordar el agujero negro en el que estuvo encerrada durante 10 años: la adicción a las tragamonedas.

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Evadirse. Evitar sentir. Esto es, fundamentalmente, lo que buscan. Que nadie las mire, les pregunte por qué están solas, si están bien. Empiezan a mentir, a inventar excusas, a faltar horas en su casa, a sacar plata de donde sea. Encerradas en casinos sin ventanas, sin relojes, en modo off, prefieren pasar horas y hasta días, sentadas frente a una máquina que les promete bonus, jackpots y grandes premios.

Posibles detonantes

Problemas de pareja, familiares, o vinculares. Infidelidades, separaciones, el síndrome del nido vacío, la viudez, una mudanza, la pérdida de un trabajo o la llegada de la jubilación son todos detonantes que pueden activar la adicción a las maquinitas. En el caso de las mujeres, suelen preferir los bingos, las tragamonedas y las agencias de quiniela.

Liliana comenzó a jugar en forma social. Era viuda y cuando sus hijos empezaron con las salidas adolescentes, la invitaron a cenar a un bingo porque era barato.

"Yo soy una persona muy tímida y nunca me animé a salir sola. Ahí me sentía cómoda porque nadie me iba a juzgar porque estaba sola o no tenía marido. Y así empecé a jugar por diversión con mis amigas. De a poco, empecé a ir sola", cuenta esta mujer, que hoy tiene 54 años.

Es docente, y entre escuela y escuela trataba de escaparse para ir a jugar. Nunca se fue con plata. Y las veces que ganó, volvió a perder apostando.

"Yo creía que me iba a volver loca porque no podía parar de jugar. Mis hijos salían un sábado a la noche, yo hacía que me acostaba y después me iba al casino. Lo máximo que estuve fueron 14 horas. Cuando agarraba la maquinita no iba ni al baño porque en cualquier momento me iba a dar el premio", confiesa Liliana.

¿Cómo llegan? El casino o el bingo son lugares agradables, se come barato y se puede ir con amigas (todas arrancan yendo socialmente). Y las tragamonedas tienen todos los condimentos necesarios para "enganchar" al cliente: es un juego fácil, barato, de alta velocidad, sensorial porque tiene una pantalla con colores, ruiditos, y es muy solitario.

"¿Cuál es el primer juguete que le regalamos a un bebe cuando nace? Los sonajeros de colores y ruidos. Para los adultos, los sonajeros son las maquinitas", sostiene Susana Calero, psiquiatra, reconocida especialista en adicciones y asesora en asistencia, capacitación e investigación en la Lotería de la Ciudad de Buenos Aires.

También ofrecen la posibilidad de reinvertir ganancias de forma inmediata: tiene el tiempo más breve entre la apuesta y el resultado. "Comparado con otros juegos, en las maquinitas es de 2,5 a 5 segundos y en la ruleta es de 5 minutos. Además, les aparece un cartel que dice que casi ganan, y eso las motiva más", expresa la psicoanalista Débora Blanca (su página web www.deborablanca.comtiene información sobre ludopatía), especialista en adicciones al juego.

La desesperación por quedarse "pegadas" a las tragamonedas por miedo a que otro se gane el fruto de su esfuerzo las lleva a deshumanizarse: no van al baño, algunas usan pañales, no comen ni toman nada. "Hay mujeres que rompieron bolsa frente a las máquinas y no las podían llevar a parir. Te dicen: ¿cómo voy a dejar la máquina que está caliente y está por dar un premio? Lo que buscan no es adrenalina, sino no interrumpir el juego", dice Blanca.

Un palazo en la nuca. Ese efecto es el que sentía Cristina cuando caía en la cuenta de que había perdido todo. Y ahí arrancaba la contracara del idilio amoroso con la máquina: el odio más profundo. Y la locura. "Entrar a la sala de juego con dinero es maravilloso. Pero en muy poco tiempo todo eso se diluye y te sentís miserable. Todo se convierte en dolor, en reproche, en volver a casa vacía", dice Cristina con lágrimas.

Cuando estaba en el tobogán que la llevaba sin escalas al infierno que era su vida, Cristina sólo se quería morir. Volver a anestesiarse. Dejar de pensar en toda la plata que debía, en las mentiras que iba a tener que seguir diciendo, en todas las cosas que estaba dejando de lado para poder seguir jugando.

Las cifras detrás del fenómeno

80%

Elige las tragamonedas

Este porcentaje se desprende del total de personas que llamó la primera mitad de este año a la línea de atención gratuita del Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo de la provincia de Buenos Aires. El resto se divide entre ruleta (10%), bingo (2%), póquer/blackjack/punto y banca (2%), quiniela (1%) y otros (5)

4%

De los porteños juega en forma problemática

Surge de los datos del Estudio de Prevalencia de Juego Patológico en la ciudad de Buenos Aires. El 1,8% es un jugador patológico. Además, entre 2010 y 2015, aumentó del 0,7% al 1,8% la incidencia de juego patológico (la probabilidad de que quienes juegan desarrollen comportamientos compulsivos)

Características de un jugador

No poder ni querer aceptar la realidad

De ahí el escape hacia el mundo de los sueños que representa jugar

Inseguridad emocional

Sólo se siente emocionalmente cómodo cuando está en "acción". Es común escucharlos decir: "Cuando jugaba me sentía seguro y confortable. Nadie me exigía demasiado. Sabía que me estaba destruyendo, pero al mismo tiempo tenía cierta sensación de seguridad"

Inmadurez

Un deseo de tener todas las cosas buenas de la vida sin ningún esfuerzo de su parte

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