OJO CON LA ALIANZA

Teorizando

22 de Septiembre del 2022

OJO CON LA ALIANZA

Unos días atrás hablaba con una querida amiga. Ella brilla, por dentro y por fuera. Los ojos le brillan cuando habla, de tanto entusiasmo por la vida. El alma destella también, siempre está para quien lo necesita. Su cuerpo, cuerpo de cincuentona reciente, también brilla, cautiva la mirada allí donde está.
A todos nos gusta estar con ella, es inteligente, alegre, ocurrente, generosa con su tiempo...
Hace poco se separó de alguien que, al momento de conocerlo, tenía alianza en dedo. Se enamoraron, él se divorció de un matrimonio que hacía rato no funcionaba, y estuvieron juntos algunos años.
Ahora, mientras tomamos un café y me dice "No me engancho más con un casado, ya aprendí", recordándome que hubo previamente un par más con alianza, nos pusimos a pensar más a fondo.
Que es conveniente esquivar señores con pareja (funcionando, no funcionando, lo mismo a esta altura) si una quiere tener un lugar lindo en la vida de esa persona, seguro.
Pero, le dije, pensemos en la otra alianza, esa que no brilla en ningún dedo, pero que te lleva a historias que terminan con opacidades.
Esa alianza, y ella me miraba con ojos brillantes de expectación, es con una parte tuya que no soporta tu brillo, que lo quiere recortar y opacar todo el tiempo. Ajá, esbozó, dale seguí, me gusta esa idea. Seguramente, por los tiempos que estamos viviendo, los jóvenes  estarán mejor preparados para estar con mujeres fuertes, pero nuestra generación es la de "DETRÁS de un gran hombre hay una gran mujer".
¡Jodete por brillar, nena!, y nos reímos.
Esa alianza es la que tenés que tirar a la mierda, la que te acerca a hombres con opacidades algo melancólicas, de esas que no podés curar, que sólo ellos podrían, pero claro, hay que ver si quieren.
Las diferencias enriquecen una pareja, pero las oposiciones alegría-melancolía, brillo-opacidad, valentía-cobardía, pasión por la vida-pasión por el barro de las pérdidas, esas son jodidas.
Las alianzas a la vista, mmm, cuidado nena. Pero las invisibles ¡de las invisibles ni te cuento!
Mi amiga me sonrió, con esa sonrisa tan fácil, tan ella, y me dijo Acompañame a la verduleria, que les prometí a los chicos berenjenas a la napolitana.
No, en la cocina no brilla, pero es voluntariosa.