Carta por Graciela Muso

Teorizando

12 de Julio del 2018

Cuando voy al espacio fìsico de juego, no voy a divertirme, voy a competir con
un pedazo de metal programado.
Voy a competir con una màquina, y no en igualdad de condiciones.
La màquina tiene el poder que yo le otorgo.
La màquina gobierna mi tiempo, mi dinero, me quita o me dà segùn su
programa
En el espacio fìsico de juego, siento vergüenza hacia terceros, espero no
encontrar a alguien conocido, si lo veo, lo esquivo. Planifico estrategias que
ràpidamente se desvanecen.
En el espacio fìsico de juego el tiempo no tiene horas, tiempo sin tiempo,
espacio atemporal,...hasta el cielorraso pintado de celeste con hermosas nubes,
nos muestra la ilusiòn de un dìa iluminado.
Casi a diario, entro al lugar diagramado por aparatos equidistantes de dibujos
llamativos y giratorios. Mis pasos se desplazan sobre la alfombra barroca,
suave y silenciosa. Dispongo del dinero para perderlo y lo logro. Busco màs,
gano y lo pierdo, lo logro, lo pierdo....lo gano....lo pierdo....lo
logro....definitivamente lo pierdo.
Nunca le voy a ganar a una màquina.
No se gana empeñando lo que no se tiene.
No se gana con la culpa, la garganta seca, los ojos enrojecidos y cansados.
No se gana invirtiendo màs tiempo y dinero.
No se gana creando falsas espectativas e ilusiones

Lo que la màquina me presta, yo se lo devuelvo, y si la màquina me lo

vuelve a dar, lo tomo prestado y se lo doy nuevamente.
Es un cìculo perfecto.
Juego compulsivamente y me destruyo, sòlo elijo ser partener de un pedazo de
metal sonoro y luminoso hasta el agotamiento.
Cada dìa en el espacio fìsico de juego, las mismas caras, algunas mustias,
pàlidas, entristecidas, otras eternamente embroncadas. Gente zamarreando las
màquinas, gente hablàndoles, gente acariciàndolas, conectàndose con ellas
como amantes furtivos, otros paralizados como estatuas de sal, donde el ùnico
accionar es el dedo que presiona un botòn. Tàntos metiendo en la ranura su
esperanza de papel... cada uno inmerso en una maraña de deseos y promesas
incumplidas.
Algunos mirando agazapados, esperando, calculando cuanto tiempo de juego le
queda al que esta sentado, ocupando la màquina!
Cuando se levanta? No se piensa levantar nunca? Ya se le termina la plata?.. se
le termina ya? Cuando se le termina?? Uy no! Le pagò! Puso otro 100!! Debe
estar bien cargada la desgraciada! Cuànto le puso? Cuàl pagò?.. La mìa
pagò?... Alguna pagò?...
Son las preguntas reiteradas, infinitamente......

Cuando me retiro del espacio fìsico de juego, al salir a la calle, siento que
menoscabo mi vida, mi salud, mi alegrìa, el respeto hacia mi persona.
Me digo: Es la ùltima vez!!,...y no me creo....
Nuevamente vuelvo a mi casa con las mismas certezas.
No fui a divertirme, no fui a ganar.
Creo que fui a disfrutar la inestabilidad emocional, el caminar por la corniza, la
incertidumbre, el dolor adormecido ya acostumbrado por la pèrdida, y la
pregunta final y permanente: Porque le doy poder a la màquina? Porque hago
esto con mi vida?......