OLIVERIO, LAS SOMBRAS, Y EL ADICTO AL JUEGO

Juego y Ficciones

25 de Enero del 2017

Dice Oliverio GIRONDO en un fragmento de un relato: "Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con NUESTRA SOMBRA.
¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?".

Me quedé pensando en las sombras, y vino Graciela SCHEINES y me leyó mientras soñaba: "El AUTENTICO JUGAR es siempre asomarse al vacío, ARRIESGARSE. Sin riesgo no hay juego. El jugador que evita la aventura se convierte en un REPETIDOR DE GESTOS. La LIBERTAD inherente al juego se ejerce sólo en el momento de decidir entrar o no en el juego. El JUEGO POR MANDATO no es juego sino apenas su SOMBRA, una parodia".

El ADICTO AL JUEGO evita, rechaza el riesgo, aunque parezca paradójico; en todo caso es la búsqueda de adrenalina, de emoción de riesgo lo que lo convoca a la sala de juego. Claramente es un repetidor de gestos, de escenas, de números, de máquinas, de engaños. Repite y repite...
El adicto es la sombra de un JUGADOR QUE JUEGA; sus APUESTAS compulsivas, repetitivas, hacen sombra a lo VITAL del juego, de la creación lúdica que es tocada por lo TANATICO pero no queda esclavizada por él. Sombra melancólica, arcaica, el adicto bien podría decir "No soy ni la sombra de lo que fui".

La CURA se direccionará hacia el pasaje de una SUBJETIVIDAD ENSOMBRECIDA POR EL BRILLO DEL OBJETO PULSIONAL a otra que logre opacar tal luminosidad que enceguece. Brillo aquel encarnado en las luces del Casino, en las imágenes autohipnóticas de las máquinas, en los sonidos que se meten hasta en los sueños, en los números cargados de magia y adrenalina.
La CURA deberá convocar a las sombras, despacito, sin asustarlas, ponerles nombre y apellido, darles identidad, ir corriéndolas dándoles cada vez un lugar más chiquito, un rinconcito, para que pueda crecer así el SUJETO DEL DESEO.