ADICCIONES Y LO GRUPAL: DE BOCAS, BENDICIONES Y MALDICIONES

Teorizando

7 de Diciembre del 2016

Dice Joaquín Sabina en una canción "Bendita sea la boca que da besos, y no tragamonedas, y no tragamonedas". El grupo terapéutico propicia lo bendito del bien-decir frente al mal-decir de la a-dicción.
El grupo cumpliendo con su función de holding, de alojar, de sostener, será una boca que sabe de lo infernal de aquel beso ya que, en tanto jugadores, todos han besado autoeróticamente su propia boca en la máquina. Pero también el grupo será una boca que pondrá palabras en el lugar de los gritos mudos.
Una boca con dientes que en ocasiones serán usados para defenderse frente a algo sentido como desestabilizante (la recaída de un compañero, por ejemplo), pero también para ayudar a masticar antes de tragar. Masticar los conflictos, las tristezas, las desilusiones, el tiempo que sea necesario para lograr la mejor digestión posible. Los dientes de los otros del grupo, de las intervenciones del terapeuta como de aquello que le mostrará a cada uno lo paradójico, las tensiones irresolubles, la insatisfacción, la necesariedad de ciertas caídas de lugares imposibles para que las recaídas sean cada vez menos frecuentes.
Masticar-elaborar para evitar la tentación de responder con alguna de las dos opciones habituales del ludópata: atragantarse de adrenalina, de impulso, de números, de billetes, de deudas, de mentiras, de sueños premonitorios, o indigestarse con culpa, arrepentimiento, depresión, vacío, aislamiento...
Boca con la que se come, boca con la que se besa, boca con la que se habla. Es frecuente que el jugador llegue a tratamiento con la boca abandonada: ausencia de piezas datada de años, arreglos interrumpidos, caries. Dijo una vez una paciente: "Me quedé sin muelas. Jugaba y sentía cómo se me partían las muelas, guardaba los pedazos en los bolsillos y seguía jugando. En un año se me destruyó la boca, la economía y la mente".