¿ME AYUDÁS A LIMPIAR LOS CRISTALES?

Teorizando

16 de Diciembre del 2022

¿ME AYUDÁS A LIMPIAR LOS CRISTALES?

Ella empezó una relación con él. Ella decía que él era el hombre más hermoso que había pasado por su vida hasta ahora.
No sabían muy bien qué eran, no tenían idea de qué podrían armar juntos. Cuando se veían sacaban de sus mochilitas lo que había adentro: alegrías, tristezas, traumas, potencias, anhelos, imposibilidades, y así.
Hacía poco tiempo que se conocieron, o encontraron, como le gustaba decir a ella. Hacía poco, pero surgió entre ellos un afecto muy fuerte. Ellos sabían de amores y separaciones, de inicios y finales.
Cuando se encontraban, se decían que se habían extrañado. Ponían un mantelito sobre la cama, comían mientras charlaban, se reían, se ponían serios. Sacaban el mantel, miraban algún video, cantaban algo juntos con la guitarra (en realidad él cantaba, ella acompañaba). Se mimaban, se confesaban partes de sus historias familiares, se asombraban, se reían, se volvían a poner serios.
No sabían qué eran, a lo sumo sabían que eran, que algo lindo, muy lindo, surgía mientras compartían esos momentos.
Sucedió 2 veces algo, casi de la misma manera, y ella se puso a pensar en la escena. Resulta que él usaba anteojos para leer y para mirar la tele. Ella descubrió en los anteojos apoyados en la mesita de luz que los cristales estaban muy sucios. "¿Vos ves algo con esos anteojos? ¡Están remugrientos!", "¿Me los limpiás?", "Obvio, dame". Él se rió al ver que ella los limpiaba con la punta de la remera. "Pensé que los ibas a limpiar con el líquido de las ópticas, no con la remera", "¡Ah bueno, el señor se desilusionó! Encima que te limpio los cristales para que veas mejor!" Y se rieron, mientras se miraban con ternura.
Ella después, además de pensar en él, pensó en esta escena repetida. Algo de esta predisposición a limpiar los cristales de los otros la interpeló. Sintió que era una metáfora de algo que, anhela, comience a cambiar: no cuidar tanto y dejarse cuidar. Más aún, animarse a pedir, atreverse a mirarse en el espejo como merecedora de atención,  que se fijen si sus cristales también necesitan algún trapito.
Unos días después él le dijo, tal como venía haciéndolo, que estaba en un mal momento. Que la quería, que le gustaría no perderla, pero que él no podía darle, en este tiempo, lo que ella se merece.
Ella se puso triste, pero sintió que él seguía siendo un hombre hermoso, que sólo le puso palabras claras a lo que ella venía sintiendo.
Reparó en el "no puedo", porque está empezando a aceptar que muchas veces, pero muchas, "no poder" no es "no querer".
Y se quedó pensando en lo que ella se merece, que pareciera que él, en tan poco tiempo, supo mejor acerca de ésto.
Y ella lo recuerda con tanto afecto, y lo extraña en silencio, y se dá cuenta de que él también le limpió los cristales. Y sonríe.