En todo estás you. O vos como motorizador de tu vida.

Por Pablo Hupert

9 de Noviembre del 2016

"Yes, you can"

Esa fue la publicidad ‘institucional’ de los Juegos Paralímpicos 2016. Allí, en la publicidad, participan atletas a los que llamaríamos ‘discapacitados’, y que en su metier exhiben mucha más capacitación que cualquiera de los que llamaríamos ‘normales’. Un tipo sin brazos la rompe la batería; otro con una sola pierna salta más alto que mi cabeza, y así. La publi nos quita el aliento, los ‘disca’ nos conmueven y nos maravillan y nos dejan (¿o la publi?) en menos, en falta: como si nos preguntáramos, si ellos pueden, ¿por qué yo no puedo tantas cosas? Responde la canción de la publicidad (cantada por un cantante en silla de ruedas): Yes, you can!

Y, como si siguiéramos dejándonos azuzar por la publicidad, comenzamos a preguntarnos: ¿será que me autolimito y por eso siento que no valgo? ¿provoco mi propia minusvalidez?

Un slogan de Adidas ya sentenciaba: Impossible is nothing. Si juntamos eso con sí, puedo, con la evidencia que las imágenes publicitarias me proporcionan (ellos pueden), entonces mis límites los pongo yo, y debo ponerme en movimiento.

¿Me falta terapia y autoestima? No, me sobra época. Mi constitución subjetiva está saturada de “bienestar en la cultura”: la cultura ya no establece límites, como hacía en tiempos de Freud. Estos los pone cada uno. En tiempos como los nuestros, tiempos de mercado generalizado, the sky is the limit, como dicen los norteamericanos para decir que no hay techo a lo que te propongas.

“Mercado radicalizado” no es una forma de decir ni depende solamente del nivel de protección aduanera. Es una expresión con la que Ignacio Lewkowicz indicaba que el mercado no es simplemente el lugar de los intercambios cmls sino también un dispositivo de constitución subjetiva de la humanidad contemporánea (distinta a la de tiempos freudianos). De tal manera, en el mercado es que se consigue no solo placeres, sino también autoestima, imagen de sí, reconocimiento.

Algún bienpensante responderá que el mercado no da respuesta a los que tuvieron dificultades, por ejemplo, de formación. El mercado responde: sí, ofrecemos cursos de capacitación con salida laboral a buenos precios. ¿Otra tiene dificultades para salir de su casa a trabajar? El mercado responde: podés trabajar desde tu casa. ¿Otra se siente insegura con su propio cuerpo y su fealdad le impedirá conseguir trabajo? Podés, oye, hacerte las lolas. ¿Necesitás un placer entre tanta corrida? Podés parar en un quiosquito y comprar un chocolatín. ¿No la contrata nadie? Podés, aprende, hacer marketing personal (el mercado ofrece cursos de eso, y apps como Facebook se te ofrecen ¡sin cobrarte!) Y así sucesivamente. No hay bienestar que el mercado no provea y no hay imposibilidad que no puedas superar.

“Movilización global”, le dice López Petit. Vos sos el motor de tu propio bienestar. Movete. Tenés la oportunidad de ser independiente. Si ellos pudieron, ¿por qué vos no? Vos estás en todo. Y acordate: vos, aunque no tengas todas las de ganar, podés.

¿Que esa omnipotencia es fuente de frustraciones y padecimientos? Fijate si conseguís algo para lo tuyo en mercado libre.