Apuestas deportivas: enganchados a un juego en el que es imposible ganar

Por Daniela Scorrani

31 de Enero del 2018

ilustracion

Una droga se expande por España. Una droga destructiva, pero inocua en apariencia: no amenaza con destrozarte el organismo ni con mellarte la boca; al contrario, te promete el éxito a través de la voz de los ídolos del deporte que aparecen en la televisión, en la radio, en las redes sociales y en las camisetas de los grandes clubes de fútbol. Cristiano Ronaldo, Rafael Nadal o Usain Bolt apuestan frente a ti: ganan frente a ti. Es la persona Ronaldo o Bolt, pero se trata, sobre todo, de su símbolo: la excelencia física, la riqueza descomunal, el lujo, la celebridad; el putoamismo. Apuestan. Ganan frente a ti. Y frente a tus hijos: su publicidad ataca libremente en horario infantil. Una droga de enganche rápido como la heroína y de soplo eufórico como la cocaína (esto casi no es una metáfora). Las asociaciones de ludopatía no dan abasto: nunca en décadas de trabajo habían visto un brote de casos como el de los últimos años. “Estamos viendo un comportamiento patológico equivalente al de una persona que lleva jugando 10 años. Con el juego online lo estamos encontrando en meses”, dice Bayta Díaz, psicóloga de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (Apal) desde hace 14 años.

Hay 613.812 usuarios activos en las casas de apuestas, según el último Informe Trimestral del Mercado del Juego Online, un 13,44% más que en el mismo segmento de 2016. No sólo corresponde a las apuestas deportivas, también a póker, casino y bingos virtuales. Hasta septiembre de 2017, los operadores gastaron más de 140 millones de euros en promocionarse. En España hay más de medio centenar de empresas con licencia en el negocio online y presencial. Nombres como 888, Pokerstars, Bwin, Botemanía o Betfair… La mayoría no tributan en España, sino en territorios de fiscalidad amigable como Malta o Gibraltar. La Memoria Anual del Juego puso la cifra: en 2016 el volumen de negocio del gremio online llega a los 10.000 millones de euros. ¿Cómo lo han hecho? ¿A costa de qué?

En la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la mujer que soñaba con Eurovegas, promulgó un decreto en 2006 que abría la veda para la apertura de este tipo de establecimientos. En 2011, el Gobierno de Zapatero lo reguló a nivel estatal. En 2013 ya había más de 300 locales en la capital. Esa cifra hoy casi la cubre solo una de las firmas: Sportium suma 247 casas en la Comunidad. Los negocios se acumulan en una misma calle o una misma plaza. Un jugador puede recorrer la península, desde Cádiz a los Pirineos, saltando de tienda en tienda y sin tocar el suelo. Se filtra a la calle su mundo de colores y estímulos lumínicos. Siempre hay fumadores en las puertas, pensativos o excitados. No son comercios. En un comercio uno paga y recibe: intercambia. Estos Sportium, Codere, William Hill son piscifactorías: cientos de humanos, machos en su mayoría, se agitan dentro de su cerco de máquinas y de ruletas creyendo que se alimentan, que ganan algo.

Las casas de apuestas disfrutan del don de la oportunidad. Abren casualmente en barrios pobres y pegaditas a las asociaciones de ludópatas. “Los salones de juego se han convertido en el nuevo punto de reunión de los chavales. Los que tienen edad apuestan, los que no, convencen a alguien para que apueste por ellos y si no, juegan a la ruleta: aquí han empezado a venir menores con problemas con la ruleta. Nadie les ha pedido el DNI para entrar. Nadie”, critica la psicóloga de Apal.

Estas piscifactorías humanas crecen a borbotones en los barrios obreros y de población inmigrante. En Inglaterra, la ONG Fairer Gambling rastreó la estrategia ya en 2013: 1.251 casas de apuestas se repartían en los 50 distritos electorales con mayor nivel de paro. Antonio Ferrández, psicólogo de la Asociación Terapéutica del Juego (Atej) que lleva 27 años rehabilitando ludópatas, percibe un cambio: “La gente que nos llega es de nivel económico medio, pero los chavales que llegan ahora tienen un nivel bastante bajo. Hay muchos inmigrantes que están entrando porque viven en condiciones precarias, ven que hay gastos en su entorno y apostar al Barcelona-Osasuna está chupado”, explica. El estudio de Percepción Social del Juego de Azar (2016) colocaba en la clase media-baja la principal prevalencia de la adicción.

ilustracion 2

Lavado de cerebro

Nadie nace ludópata. Toda adicción deriva de ideas irracionales que se enganchan al cerebro y succionan como garrapatas. Las casas de apuestas son virtuosas en esto, saben cómo poner huevos en la mente de los jugadores activos y potenciales. “Cuando ves los anuncios, da la impresión de que tienen un micrófono en nuestras terapias. Saben dónde rascar”, analiza Bayta Díaz. El refuerzo rápido y la inmediatez son palancas clave en el enganche. Spot: Usain Bolt meciéndose en la hamaca de la piscina; al fondo, palmeras tropicales abanicando un caserón: “Menos esperas y más acción. El hombre más rápido del planeta disfruta ahora del juego más veloz de Poker Stars”, dice la voz en off. “Ellos saben que cuanto más rápido te den la recompensa, más rápido te sentirás bien o mal. Si te sientes mal, si pierdes, te doy rápido la oportunidad de volver a apostar; si te encuentras bien porque ganas, te dan la oportunidad de que te sientas mejor”, reflexiona Díaz. Pero la avidez de velocidad se aprende: es un automatismo que se desarrolla con el tiempo. Este anuncio va dirigido a quienes ya se han enredado en la telaraña.

Pero antes hay un paso previo: captarte, instalarte la compulsión y convertirla en tu inercia. Se despliegan varias ofensivas. Por un lado, los bonos: “Regístrate y consigue hasta 150 euros para apostar”, “doblamos tu primer depósito hasta 200 euros”. La ley prohíbe regalar dinero a los usuarios y las casas de apuestas hacen algo peor: ahora fingen que lo regalan. Lo que parece un obsequio se convierte en un tobogán hacia el endeudamiento y hacia la urgencia por recuperarte, que es el primer paso de la adicción. Miguel Ángel Gago apostó durante muchos años, ahora forma parte de Atej y se dedica a desarmar los mensajes engañosos de los operadores. Cuenta que, en realidad, ofrecen una cantidad virtual y exigen unos requisitos imposibles para poder cobrarla: debe invertirse en apuestas arriesgadas y en un corto periodo de tiempo. “Tienes que jugarte la cantidad entera [depósito más bono] 10 o 25 veces, y te limitan el dinero que puedes llegar a ganar”, explica. Además, caducan pronto: debes realizar todas las apuestas en 10 días o un mes, dependiendo de la empresa. “Así te están acostumbrando a jugar con frecuencia y en apuestas de alto riesgo”. Algunos ejemplos de las condiciones: Marca Apuestas, William Hill,Bet365.

Irene Montiel, doctora en Psicología y coautora de El juego de azar online en los nativos digitales explica las razones por las que el soporte de internet produce ludópatas con mayor eficacia: “Son las características propias de la red, la inmediatez, el poder acceder en cualquier momento, a cualquier hora, desde cualquier dispositivo”, explica. Simplemente con recibir notificaciones de redes sociales o pinchar enlaces, el cerebro libera dopamina, te engancha, y eso que en estos casos no hay dinero en liza.

La primera estrategia de seducción, la que rompe suspicacias, abunda en el lenguaje. El mundo de las apuestas se sirve de una jerga matemática. Fracciones, decimales, estadísticas. Se maquilla el azar con una pátina de conocimiento. Luego, una vez en el meollo, se establecen categorías de jugadores: te condecoran, te hacen VIP. Se estimula al jugador a sentirse más listo que la banca. “Esa es la fantasía. Una falsa sensación de control que perpetúa el problema”, apunta Bayta Díaz.

ilustracion 3

Establecimiento de apuesta online, en Villalba estación, en la Comunidad de Madrid

Alfredo (seudónimo), 38 años. “Esto juega con las emociones. Te venden las cifras, te venden los múltiplos. Cuando empecé online ganab