“La era de la adicción”

Por Mayra Gallucci

1 de Enero del 2017

Vivimos en una época compleja, difícil, somos hijos del poseer, hacer, consumir. Hijos exitistas o destierro. Hijos sobreadaptados. Hijos de la inmediatez, de la felicidad en blíster, hijos robotizados, mudos, adictos, hiperconectados.

El modelo de la sociedad actual se basa en la resolución inmediata, el consumo, la competencia y el exitismo; lo que hoy nos identifica como “ideal” mañana cae en el olvido y se nos impone una nueva zanahoria a la cual perseguir desesperadamente para “ser” aquello que hay que “ser”. Vivimos una carrera urgente y desesperada, con metas ridículas y objetivos para superhombres. En el camino aparece el desgaste, la frustración, nos rompemos por la sobreexigencia. En esta carrera individual los vínculos se debilitan y las frágiles redes de contención terminan por romperse potenciando la soledad y el aislamiento. Esta cultura que venera el exitismo y el consumo, es la misma que nos vacía de contenido y nos ofrece múltiples opciones para aliviar el malestar que genera sostener la carrera.

Cuando hablamos de adicción muchas veces pensamos directamente en una sustancia, ¿adicto a qué? ¿cocaína? ¿alcohol?, pero la realidad nos muestra que la adicción engordó un poquito y ocupa nuevos espacios. Hoy nos encontramos con adictos a internet, al trabajo, al juego, a las compras, adictos a todo.

El tema de las adicciones es una problemática muy amplia que no se circunscribe a las sustancias de consumo prohibido. De hecho, el crecimiento desenfrenado de las nuevas tecnologías con la correspondiente hiperconectividad de estos tiempos, pone en evidencia esto. Parecería que todo es virtual, pero lo real es que estamos llenos de síntomas y agujeros emocionales.

Moby, el compositor de música electrónica estadounidense, publicó hace poco en su canal de youtube el video de una de las canciones que forman parte de su último trabajo “Are you lost in the world like me?” (¿te encontrás perdido en el mundo como yo?). Se trata de una caricatura al estilo de los años 30 que ilustra una sociedad hiperconectada, individualista y carente de valores. Las personas se toman selfies mientras el mundo se incendia, autómatas miran el celular y engullen kilos de comida al tiempo que publican en las redes sociales las fotos de los platos; nadie se mira, nadie dialoga, se venera la estética del botox y el suicidio como espectáculo colectivo. Todo es angustia y soledad; y ante el dolor aparece la anestesia: comida, alcohol, celular, juego.

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Nos llenamos de cosas, de líquidos, sustancias, objetos, acciones; en definitiva no importa con qué, lo que importa es no sentir el vacío preexistente. Buscamos atajos que nos permitan “saltear la parte que duele”, silenciadores emocionales, nos intoxicamos paa no sentir, nos anestesiamos y nos entregamos al vértigo de la montaña rusa social.

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Ahora bien, si este es el contexto social que nos abraza, no resulta ridículo pensar que es terreno fértil para la proliferación de las adicciones.

Lo epocal resulta ser nuestro primer enemigo.